22 de mayo de 2015

"La palabra revolución es patrimonio de la condición humana, no de una época”

A continuación, compartimos mensaje recibido del Secretario Académico de la UCSF, Abog. Esp. José Ignacio Mendoza.


Mensaje a la Comunidad Universitaria en ocasión del 25 de mayo: "La palabra revolución es patrimonio de la condición humana, no de una época”

Santa Fe, 19 de mayo de 2015.-

Estimada Comunidad:

La afirmación con la que encabezo este mensaje puede parecer panfletaria y contestataria, pero no lo es. Es importante actualizar el concepto de revolución para recobrarle a las palabras su poder transformador. Necesitamos contrarrestar la cultura de la agresión sistematizada y de la violencia como argumento, y de aquella indiferentista, ajenizada, ensimismada en su círculo de comodidad.

La revolución es la consecuencia de la fuerza que moviliza voluntades advertidas, que entusiasma, pero que no puede permanecer detenida en la acción definitoria, sino que debe cobrar sustentabilidad en cada persona que conoce y comprende su responsabilidad, que se gana en lo cotidiano.

Una revolución no es un solo cambio discursivo, sino que supone una manera diferente de ver las cosas “haciéndolas”; se trata de negarse a aceptar la inevitabilidad y la insuperabilidad como “adiestramiento social que repliega las voluntades” y cauteriza las conciencias civiles.  

Para una Nación el tiempo es un aliado, una oportunidad que no puede ser despreciada al ignorárselo. Es aquella hora magnifica de la voluntad sumada y de los éxitos personales os sectoriales postergados –o más bien- implicados.

Entonces el tiempo deja de ser un obstáculo para transformarse en escuela intergeneracional para el desarrollo de habilidades sociales que reconstituyen la Nación a partir de los aciertos y errores, para profundizar lo justo y corregir lo equivocado.

El peor enemigo de un Pueblo es la ansiedad, esa misma que revela oportunismos mesiánicos que le quitan a cada hombre la responsabilidad de hacer de su vida un aporte a la de todos.

Aquellos hombres de gesta en 1810, sabían que no se trataba de “ese día”, sino del principio de un camino donde el mayor enemigo serían ellos mismos, todo aquello que deberían erradicar primero de si, donde hubo mezquindades y grandezas.

Se trataba de un conjunto de opciones, siempre, entre el poder y las libertades, los ejes de nuestra Constitución.

Una Nación integrada reconoce sus diferencias y aprende cotidianamente a vivir con ellas como atributo del tiempo, de la cultura y de un destino que podrá exigir en algún momento una respuesta desde esas potencialidades.

Hacerse cargo del destino con plena conciencia de las adversidades, aceptándolas como parte misma de la decisión, esforzándose por crear alternativas que permitan ser una respuesta a todo lo que se resista al cambio, como una genialidad siempre necesaria para oxigenar la historia.

La actual revolución es la de la participación del mismo ciudadano, de su capacidad de aceptar su poder definitivo en el curso de la gobernabilidad, en la forma que establece las condiciones mismas de las tendencias y las preferencias que definen las condiciones de vida de todos.

Pero la madurez en la participación supone el hábito, la costumbre de decidir cómo acción natural de hacer elecciones entre opciones posibles. Esa “habitualidad” no puede depender de una organización descendiente que le diga a cada uno qué y cómo hacerlo. El civismo es una actitud que avanza en el curso de lo que ocurre cotidianamente, donde nadie se distrae ni aparta, porque todo nos reclama a todos.

La sustentabilidad de todo proyecto nacional está colapsado del esquema moderno de mayorías y minorías, y la posmodernidad cultural y política, denuncia el sentido del consenso y la capacidad argumentativa que anime, motive y lidere los cambios aceptados.

Nuestros alumnos están llamados a ser insignes, líderes, distinguidos en su saber conformado a la dignidad integral de la persona humana, portadores de la verdad del hombre que los habilita para intervenir en la sociedad y religarla con su destino y su tarea de protección de todos.

La educación importa una revolución que se actualiza en tanto estemos a la altura de esta expectativa y seamos capaces de brindarles a nuestros alumnos el deseo por salir al encuentro del otro y construir con él –y no a costa de él, pese a él- un estilo de vida atento a la  convivencia genuina, honesta y solidaria.

Abog.Esp.José Ignacio Mendoza
Secretario Académico del Rectorado

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