17 de septiembre de 2015

Mensaje a la Comunidad Universitaria en ocasión de la celebración del “Día del Profesor Universitario”


“Aquellos que tienen el privilegio de saber,
tienen la obligación de actuar”
Albert Einstein

Estimada Comunidad:

En tanto somos, enseñamos

Un tema relevante en esta ocasión trata de la relación personal del alumno con los docentes.

La reflexión sobre “las relaciones” son siempre una búsqueda por valorar permanentemente al encuentro educativo como una realidad integrada por los aportes confluyentes, dispuestos a que se produzca esa comunicación.

Encontrarse puede ser fruto de la casualidad, de lo fortuito. Pero en la Universidad Católica no debe haber lugar para esa “eventualidad”, sino que la voluntad es firme por “salir al encuentro”, permanecer junto a las puertas y llamar (cfr.Apoc.3, 20)


Transparencia educativa

Lo “personal” refiere a la transparencia de nuestra prácticas y a la honestidad de nuestros saberes, a la generosidad para provocar sus inquietudes y escuchar sus perspectivas, para que el aprendizaje sea al mismo tiempo productor de nuevos saberes.

Enseñar es un permanente examen de conciencia sobre nuestra ética educativa. Se trata de todo lo que aceptamos transmitir y permitimos suscitar. Es un recorrido por producir una vinculación entre el interés de los alumnos y “lo interesante” que significa el aporte disciplinar que profesamos en ordena a la formación integral en sus recorridos.

Y si esta “intimidad no intimista”, también revela nuestras vulnerabilidades, es bueno que ellos encuentren en nosotros la falibilidad entendida siempre como oportunidad, humildad, interés por mejorar.

La “escuela del error”, la sinceridad y humildad con la que nos presentamos, permite a los alumnos humanizar sus propias tareas. Es una didáctica “de las cicatrices”, donde ellos pueden ver el testimonio de nuestras propias luchas, de nuestras dudas, de nuestros desconciertos, pero no como un signo conformista, sino como una prueba acerca de cómo no han sido lo suficientemente poderosos como para desanimarnos, excusarnos, y claudicar.


Nuestros juicios involucrados en la tarea de enseñar

Que nuestros alumnos alcancen la autogestión del conocimiento, no significa apartarlos de la presencialidad de nuestros juicios.

La “asepsia” educativa constituye una “hoja en blanco”, donde los alumnos no pueden hacer ninguna lectura de la realidad. Pero el sentido de nuestros propios valores involucrados en la manera de enseñar, también constituye una llamada ética a que en “esa escritura” exista un “diálogo” epistolar entre ellos y para con nosotros. Entonces la obra educativa se completa al extremo de alcanzar a lograr su reflexividad en contrastes y matices.

Nuestras opiniones y valoraciones son necesarias, pero no pueden ser impeditiva sin obstaculizantes para las que ellos están llamados a definir. Nuestros propios aprendizajes no son definitivos si educamos para la libertad.

La educación liberadora es la que los vuelve incondicionales, capaces de no permanecer detenidos, atentos e inquietos, aún en medio d ella adversidad de sus anomias e indiferentismo. Es más, esas indiferencias que muchas veces notamos, y que se están haciendo muy extensivas, son un mensaje que debemos leer en orden a los ideales educativos que perseguimos. Tiene que ser parte de nuestra misión y de nuestros objetivos el rescatarlos del quietismo, de una cultura auto-referencial del apartamiento, la ajenidad.

Esa libertad del saber supone un coraje que acepte el precio de la persecución, las negaciones, y pueda permanecer fiel a la convicción. En tiempos de tanta mercantilización del saber y de las profesiones, debemos ser creativos en involucrar a nuestros alumnos en una opción diferenciada respecto de otras propuestas.

Aquí es donde la libertad se hace plena, porque está unida a la responsabilidad del que la ejerce. De esta forma, la libertad es auténticamente humana y tiene identidad significante para otras realidades personales que encuentran en ella un testimonio.


Sus juicios y el camino de la tolerancia y la convivencia

Al mismo tiempo, debemos ayudarlos a comprender que sus propios juicios tampoco son definitivos, y deben ser siempre “sospechados” honestamente para que acompañen el paso del hombre por la historia, sin que quede enceguecido por la ocasionalidad, y sea siempre capaz de no comprometer la verdad, “transarla”, venderla, mutilarla, por “un plato de lentejas” (cfr.Gn.25, 34).

Frente a la educación universitaria, las diferencias tienen espacios que deben ser cubiertos y deben ser cuidados para que sea más completa la atención del otro que me necesita. Necesitamos nosotros romper la tensión de las diferencias dando la oportunidad de experimentar realizaciones que integren todas las miradas, animándolos a encontrar acuerdos posibles.


Mostar al hombre: “ecce homo” (Jn.19, 5)

Ponerlos en contacto con el extremo de las necesidades desde el abordaje que cada disciplina esté llamada a cubrir, es lo que permitirá adentrarlos en la complejidad del hombre en cuanto tal. No se puede servir plenamente a la humanidad desconocida o caricaturizada.

Nunca llegarán al mismo hombre. Nunca atenderán dos veces a la misma persona. Nunca encontrarán dos veces el mismo argumento para resolver sus problemas. Será análogo, y si desconocen eso, serán instrumentos de una igualación que aliene y cosifique.


Ellos, “todo” ellos, son nuestra tarea:

Las dificultades que encontramos debido a la crisis de los niveles educativos propiciatorios del superior, no es una excusa definitiva para crear alternativas educativas que sigan buscando el talento de cada alumno y afincarlo en su responsabilidad para que se multiplique y rinda el cien por ciento.

Los prejuicios y los estereotipos conspiran con nuestra tarea educativa. Quitamos oportunidades y empobrecemos la comunicación cuando, con la oposición del prejuicio limitante, alejamos y negamos al alumno.


¿“Tontos con herramientas”?

Mons. Charles Chaput, Arzobispo de Denver explicaba “De acuerdo a un dicho popular norteamericano, "los tontos, con herramientas, siguen siendo tontos" (fools with tools are still fools)...”.

Debemos establecer un adecuada relación con las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento para que constituyen instrumentos que deben ponerse al servicio de la tarea educativa, pero no para que sustituyan nuestras decisiones pedagógicas ni relevarnos de nuestro protagonismo didáctico.

Debemos preguntarnos qué es lo que realmente perseguimos con la incorporación de las TIyC para que sean una respuesta instrumental que nos permitan gestionar el tiempo, permitir la autogestión sin aislaciones, habilitar la comunicación, mejorar lo que puede ser compartido, fortalecer la solidaridad en el aula, definir síntesis que nos permitan reconocer el cumplimiento de una meta educativa, integrar las tareas y transversalizarlas (puesto que todas las materias están ordenadas a una formación determinada de modo confluyente y agregativo).


Renovar no es abolir

Educar siempre es “hacer nuevas todas las cosas” (cfr.Apoc.21, 5) desde la verdad que anunciamos (cfr.Jn.3, 3; Ef.4, 24) y por la que hemos hecho una opción en tanto demos testimonio de lo que creemos y de quien lo ha demostrado (cfr.2 Cor.5, 17).

Los procesos de renovación educativa no derogan la memoria, pero una memoria realista, valora los aciertos y los desaciertos, sus grandezas y miserias, las mezquindades y las grandezas. La sociedad -y particularmente una comunidad educativa que quiera seguir teniendo algo “en común”- debe aceptar la complejidad de estos extremos pendularios de su trayectoria vital, y desde ese lugar completo, hacer cambios concretos y cotidianos, aún con el vértigo que produce.

Entonces la memoria institucional deja de ser un recurso negatorio y resentido, para volverse oportunidad e inspirar la propuesta en marcha de las voluntades materializadas en realizaciones, no en “buenas intenciones que se puedan diluir”.

Todas las celebraciones sirven para renovar la esperanza y proponerse una trayectoria conformada con esos destinos, por eso espero que todos nuestros docentes se sientan justificados en sus alumnos e inspirados en sus talentos.


Abog.Esp.José Ignacio Mendoza
Secretario Académico del Rectorado
Universidad Católica de Santa Fe

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